EN EL CHILATOLE DE HOY: Loret, próximo mártir de la información

No sé cómo empezar a dar mi opinión en este asunto. De hecho, tengo varias opiniones para diferentes partes del mismo. Creo que empezaré diciendo lo que pienso desde hace mucho tiempo de Carlos Loret: es un asco. No debería llamarse así mismo periodista. Los periodistas –los de verdad- buscan la objetividad, son neutrales y rigurosamente desapasionados; se manejan como observadores, se contentan con reportar lo que ven y se callan. Dejan que la gente se forje su propia opinión, que la información hable por sí misma, pero Loret de Mola no. Él es protagonista, es el muchacho chicho de la película gacha, es un showman.


Carlos Loret sabe de qué vive José Ramón López Beltrán, hijo del presidente. Si sabe dónde vive, donde vivió, cuánto cuesta su camioneta y a que se dedica su esposa, claro que sabe a qué se dedica él.


En su reportaje “ASÍ VIVE EN HOUSTON EL HIJO MAYOR DE AMLO”, Latinus y MCCI, señalan quienes son los dueños de las propiedades, pero con la suficiente astucia como para hacer ver a López Beltrán como corrupto y peor, insertan frases del Peje para embarrarlo. Como si José no pudiera tomar la decisión de lavar dinero del narcotráfico por sí mismo, cómo si ser hijo del presidente no fuera una ventaja. Hasta por ser el sobrino nieto del presidente se le abrirían muchas puertas a cualquiera.


Ojo aquí. No dudaría ni por un segundo que el Peje estuviera robando o que su hijo negociara por él, o que simplemente fuera culpable de influyentísimo, pero si vas a acusar de algo acúsalo con documentos vinculantes. No juegues con la mente de los lectores para hacerlos creer lo que no puedes probar.


Pero como dice La Biblia, “a Carlos lo que es de Carlos y al Peje lo que es del Peje”.


Cuando AMLO mandó a investigar a Loret ejerció sus prerrogativas como mandatario y cuando expuso los 30 millones de pesos que el comunicador ganó el año pasado ejerció su derecho de expresión como cualquier ciudadano (y con documentos vinculantes), pero fue un error. Al exponerlo hizo más por la causa de su enemigo que la suya. Debió salir a pedir que investigaran a su hijo y luego quedarse callado. ¡Eres el presidente! ¡Si peleas pierdes, si gobiernas ganas!


Por su parte, Carlos dice que esos números están inflados y que paga sus impuestos. Si paga impuestos entonces ha de ser cierto lo que gana. Son datos de Hacienda. Ahora… ¿Es ilegal que gane tan grosera cantidad de dinero? Por supuesto que no. Cada hombre tiene el derecho de ganarse la vida honestamente (siempre que pueda).


Además, señala –en una clara provocación-, que el Peje está fuera de si por el escándalo de las casas. Seguro que sí, mi cabecita santa de algodón nunca se ha distinguido por su buen manejo de la frustración. Sólo hay que acordarse del 2006 y la CDMX.


Ahora, en otra pésima decisión de manejo de imagen ha dado una razón más para que todos aquellos ediles de la información que se quedaron sin contratos lo ataquen. En esta ocasión lo acusan de atacar la libertad de expresión y sacan cifras de periodistas muertos como si hubiera alguna relación entre ambos temas. Que rápido se les olvidó el viejo PRI. Que devaluadas están las palabras “dictador” y “represión” que usan tan cándidamente para referirse a cualquier mandatario. Híjole, deberían tener en cuenta que para llegar a esos cotos de poder, gobernadores, senadores y desde luego el presidente, tienen sus muertitos en el armario. Nadie gobierna con amor, nadie. Nadie que se tome en serio a sus autoridades debería creerlo.


En esta coyuntura política un mártir caería muy bien a la causa del PRIAN.

David Fernández, Periodista & Asesor Financiero

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