En el chilatole de hoy: El patrón oro y la confianza

Por David Fernández*

El mercado es pura confianza. Si la gente se siente segura de su trabajo, compra. La compra inyecta dinero a la producción, las personas y las instituciones confían y se endeudan. Al endeudarse hacen crecer la economía con dinero que aún no se ha trabajado, pero no hay problema, se tiene la certeza de que se trabajará.

El problema comienza con el exceso de confianza. Tanto las personas como las instituciones adquieren deudas tan grandes que hacen pensar… hacen sentir que nos encontramos en una etapa de bonanza. 

En esta parte quiero proponer dos conceptos. Al dinero que uno obtiene como remuneración por su trabajo propongo que lo llamamos dinero-ganado; al que obtenemos por medio de un préstamo, propongo que le digamos dinero-vacuo: es dinero que aún tenemos que ganarlo o llenarlo del valor de nuestro trabajo, de ahí lo vacuo, de lo vacío.

Entonces, cuando nos encontramos en un estado de bonanza hay más dinero circulando con el natural resultado de la oferta y la demanda: los precios suben.

Cuando la bonanza es natural se debe a que hay más producción, esto es igual a más trabajo y mejores salarios, pero cuando es artificial, una bonanza creada por el exceso de confianza/deuda, los precios subirán igual, pero no los salarios y llegará el momento en que las deudas serán impagables. 

Cuando el consumidor generalizado deja de pagar, las instituciones ya no pueden cubrir las obligaciones y el primer gasto que recortan es al personal. Más desempleo igual a menos pagos y las empresas comienzan a quebrar. 

Ya nadie da créditos o son muy altos; esto es porque ya no se confía en que vayan a ser devueltos al menos en su totalidad, el riesgo es mucho. La gente deja de consumir más que en lo esencial; temen perder su fuente de ingresos. Los vendedores se quedan con sus productos y estos pierden valor conforme la demanda baja: más quiebras.

En la desesperación generalizada no faltan los suicidios, pero se disparan los crímenes. Surgen o crecen los mercados negros. Entran al comercio cosas que por su naturaleza no deberían ser mercancía, como las personas. Se trastoca cada ámbito de la vida.

Esto es así desde que Estados Unidos abandonó el patrón oro en la década de los 70.

El patrón oro restringía la generación de dinero. Sólo se podía emitir la cantidad respaldada por la reserva en metales preciosos. 

Sin embargo, el oro sólo sirve como patrón mientras las personas confíen que el oro no perderá valor, aunque su moneda si lo haga. Por alguna razón la gente cree hasta el día de hoy que este elemento tiene algún tipo de valor intrínseco. Pero ni se come ni se bebe… 

Todo es cuestión de confianza.

  • Mi contacto: 2717111511
David Fernández, consultor financiero.

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